Sábado 4 Diciembre 2021
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Hola, Daniel.

A través del video que has colgado en las redes sociales, he visto que estás ingresado en el Hospital Clínico de Málaga aquejado de una infección que nada tiene que ver con el coronavirus. Lo primero de todo, desearte una pronta recuperación y el alta.

Tu vídeo, no te extrañe, se ha hecho viral: llevas casi 16.000 reproducciones. Cierto que aún no alcanzas mi récord de 77.000 reproducciones en un sólo artículo, pero todo llegará. De hecho, he pensado mucho si hacerme eco (o no) de tu fanfarronada. En principio, pensé que no: me parecía que con ello haría de altavoz a tus disparates. Luego pensé que sí: me temo que si no lo hago yo, nadie te dirá a la cara que eres un perfecto inconsciente y un grandísimo insolidario.

Amigo Daniel. Cuando a uno lo ingresan en un hospital, está muy feo dedicarse a grabar tu habitación compartida. Y digo feo, por no decir delictivo. Porque delictivo es sacar imágenes, como tú has hecho, del supuesto cadáver que hay al lado de tu cama. Y digo “supuesto” porque me extraña muchísimo que un cadáver totalmente cubierto por ropa de cama lleve a tu lado, como tú dices, SEIS HORAS muerto. Ya olería. Mira bien, no vaya a ser una almohada.

Amigo Daniel. Los cadáveres, en caso de serlo tu compañero de habitación, siguen teniendo derechos incluso cuando son cadáveres. Sé que te extrañará lo que digo. Y a mí no me extrañaría que te extrañase: la rastrera calidad de tu denuncia y el magnífico móvil que manejas, me hacen pensar que no acabaste la ESO. Pero sí. Insisto: los cadáveres tienen derechos por lo que han sido, y por sus seres queridos. Reza a todos los santos para no acabar en la Fiscalía por grabar y publicar esas imágenes. Lo llevas crudo.

Luego está la afirmación (muy científica, por cierto) de que “el cadáver padecía de algo del corazón o de los pulmones” (hasta aquí, ni Gregorio Marañón), y de que “si las enfermeras de la planta hubiesen acudido cuando los llamó, posiblemente no habría muerto”. Bien, Daniel. Supongo que tendrás pruebas fehacientes de lo que afirmas. Y si no, ve pidiendo a un abogado que se encargue de indagar en la historia del cadáver. Te lo digo por tu bien. Te va a empurar judicialmente el Servicio Andaluz de Salud y el Consejo General de Enfermería. Es su obligación. Estás acusando al Hospital y a las enfermeras, ante las cámaras, dando tu nombre y apellidos, de un delito de omisión del deber de socorro con el agravante de personal sanitario y resultado de muerte. Eso es muy grave. Tiene cárcel para las enfermeras que, según tú, no acudieron a salvar a ese paciente. Y por tanto, deberás demostrar ante el juez lo que afirmas o pagar una millonada por la querella que te va a caer encima. Una querella, por cierto, que yo alentaré desde este muro.

A ti, Daniel, te han ingresado en el Hospital Clínico de Málaga como paciente. No como reportero. Esos experimentos que tú tan detalladamente explicas sobre apretar el botón de llamada y cronometrar los minutos que tardan las enfermeras en acudir a charlar contigo, sólo denotan cinco cosas: que estás aburrido, que eres un niño mimado, que eres un ignorante, que eres un egoísta y que piensas que el botón de llamada lo tienes ahí para hacerte famoso en YouTube. Es decir: con tu insultante juventud de veintipocos, eres el prototipo de una generación perdida. Una generación insolidaria, con kilómetros de derechos y milímetros de deberes. Una generación del primer capricho a los tres añitos, y que sea un móvil. Una generación del fracaso escolar, que no conoce sacrificios, ni esfuerzos ni voluntad. Sólo derechos, y más derechos, y te denuncio por mis derechos.

Amigo Daniel. Dices que el Hospital Clínico de Málaga carece de recursos humanos suficientes. No seré yo quien lo niegue. Fíjate. A mí me pasó una historia parecida con mi hija en el Hospital Materno de Málaga. Fue en el verano de 2016. Pero no se me ocurrió grabar a nadie, ni contarlo en las redes sociales, ni profanar las imágenes de un muerto. Hice lo que un hombre de bien y con los cojones entre las piernas debe hacer en estos casos: presentarme en el Juzgado de Guardia de Málaga, hablar con el juez de guardia y poner una denuncia contra el Gerente del Materno. Luego, con la copia de esa denuncia (en la que dejaba bien clarito que los profesionales “de a pie” no habían tenido culpa ninguna), me presenté en el despacho del director médico y le dije: <<Compañero. O arreglas esto, o la segunda denuncia va contra ti>>. Yo soy así: un hijoputa parco en palabras y nada corporativo. Pero un hijoputa bueno.

Pero tú, no. Tú no has tenido cojones para eso. Tú lo que has querido es brillar en las redes sociales a costa de maltratar a las enfermeras del Hospital Clínico de Málaga. Y eso no, Daniel. Por ahí no paso. Te lo dice un médico que es padre de dos enfermeras y compañero de muchísimas enfermeras. Si el SAS no se querella contra ti, lo voy a hacer yo. Si el Colegio Oficial de Enfermería no se querella contra ti, lo voy a hacer yo. Aunque me consta que tu caso está ya en la Fiscalía.

Las enfermeras a quienes tú controlas los minutos que tardan en correr a tu habitación son las mejores profesionales que existen en el mundo. En el mundo. Ya sé que no están hechas las flores para la boca del asno, pero deberías saber que se las rifan en todos los países de Europa y en los que no son Europa. Se las rifan, y se van. Ganan más, las quieren más y no hay riesgo de que algún desaprensivo las grabe cronometrando los minutos que tardan en llegar hasta la cama. Y por eso, porque se van las enfermeras, y porque gracias a catedráticos como tú se seguirán marchando, te pasa ahora lo que te pasa: que hay poquísimas enfermeras en las plantas del hospital y no llegan a tiempo a tu urgentísima llamada de socorro para pedir otra manta.

Amigo Daniel. Ya termino. Al delito de obtener sin permiso las imágenes del interior de un hospital, al delito de obtener imágenes de un cadáver sin el consentimiento de su familia, al delito de publicitar el material obtenido en las redes sociales, al delito de acusar a las enfermeras de omisión del deber de socorro sin pruebas, se une lo que, para mí, es el principal delito que has cometido: no entender que, a pesar de que estamos haciendo en España una medicina de guerra, todavía tiene la Sanidad Pública de Andalucía una cama, unos médicos y unas enfermeras dispuestas a hacer por ti lo que tú no estás dispuesto a hacer por ellas: tratarlas con respeto, con empatía y con solidaridad.

A tú disposición, Daniel. No tendrás problema en encontrarme. Soy conocidísimo en Málaga como médico y articulista. También soy conocido por la mala leche que gasto con quienes tocan lo mío. Y “lo mío”, en estos momentos, son los héroes y heroínas que curan y cuidan sin parar a los gilipollas que se van de botellón al descampado de la Feria.

Y si no das conmigo, Daniel, no te preocupes. Ya charlaremos en el Juzgado.

Firmado:

Juan Manuel Jiménez Muñoz.

Médico de Andalucía