Jueves 20 Febrero 2020

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JUBILACIÓN VIENE DE “JÚBILO”

Ante la falta de médicos en España, la primera medida que se les ha ocurrido a los gestores es ampliar voluntariamente la edad de jubilación hasta los 70.

No han pensado en ofrecer buenos contratos a los jóvenes. Eso no.

No han pensado en igualar los salarios hasta el nivel europeo. Eso no.

No han pensado en poner seguridad para que no nos agredan los pacientes. Eso no.

Han pensado –eso sí– en mantenernos, como momias, pegados al fonendoscopio.

En fin. Todo sea por la vocación, que es el último reducto al que se acogen los gestores para tocarnos la moral. O la fibra sensible, en este caso. Como si no existiera vida más allá del Hospital. Como si no existiese otra cosa que una bata. Morir sobre las tablas, como las grandes actrices. Morir sobre la arena del coso, como los toreros grandes.

Yo, por lo que a mí se refiere, estoy absolutamente de acuerdo con la jubilación voluntaria de los médicos a los 70 de edad. Incluso creo que, puestos a tirar la casa por la ventana, a los 90 estaría mejor. De hecho, tengo preparado en casa un kit de pasar consulta: contiene sonda vesical y bolsa de recogida de orina, bastoncito de la ONCE, braguero para la hernia inguinal, manta eléctrica para el reuma, pañales por si me cago, pastillitas del Alzheimer y gafas bifocales de culo de botella. Con todo ello, si Dios y mi mujer me lo permiten, pienso seguir pasando consulta hasta el día de mi entierro. Bueno, hasta el día anterior.

Eso sí, por Jesucristo y la Virgen: si alguna vez han de operarme a corazón abierto, busquen a un médico joven. O, si no hay ninguno disponible, a uno viejo al que no le tiemble el pulso. Y es que no quiero palmarla antes de tiempo. La Ministra de Sanidad cuenta conmigo.

Firmado:

Juan Manuel Jiménez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

Hola soy médico. Trabajo desde hace dos décadas para la sanidad pública como Especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo.  No sé si publicará esta carta, pero por lo menos lo intento.

He revisado entre el asombro y el regocijo las noticias al respecto del bragado maquinista capaz de parar su tren para no poner en peligro potencial a sus ocupantes, al superar el tiempo que de forma continuada podía conducirlo. Digo bragado porque hay que tener valor para exponerse al calvario de investigaciones, expedientes, sanciones y demás presiones que la empresa le va a hacer soportar. Seguro había sido más fácil seguir hasta llegar a su destino, como seguro él mismo y muchos de sus compañeros, ha hecho otras veces, ya que, hasta que pasa, nunca pasa nada, por conducir dos o tres horas más.