Jueves 17 Junio 2021
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El otorrino sevillano dice que reciben sueldos «ínfimos» y sufren una sobrecarga brutal de trabajo: «Su vocación y su preocupación por los enfermos han mantenido el sistema pero todo tiene un límite»

OCONNORFuente: sevilla.abc.es

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Un otorrino sevillano lanza una app para tratar la apnea del sueño

Carlos O’Connor Reina (Sevilla, 1970) es doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Otorrinolaringología y codirector de los servicios de Otorrino de los hospitales Quirón Salud Marbella y Campo de Gibraltar. Autor de numerosos artículos y publicaciones científicas, es el único otorrino español acreditado como «expert somnologist» por la European Sleep Research y uno de los diez otorrinos españoles reconocidos como especialistas en medicina del sueño por la Sociedad Española del Sueño. Acaba de crear «airway gym», una app, única en el mundo, que ayuda a tratar la apnea, una enfermedad poco diagnosticada que padece un diez por ciento de los españoles a partir de los 50 años.

¿Dormimos bien los españoles?

No. Sobre todo a partir de los 40, que empiezan a aparecer problemas respiratorios y la apnea. Dormir bien es importante para todo: para trabajar, para estudiar, para pensar, para todo.

¿El insomnio tiene razones biológicas?

Sí. Y también psicológicas. El estrés, las preocupaciones.

¿Se puede evitar o, al menos, mitigar, si las preocupaciones no desaparecen de la noche a la mañana?

Se puede intentar con terapias conductuales. No se debe hacer deporte ni comer nada desde dos horas antes de irse a la cama. El alcohol y el tabaco favorecen el insomnio y la apnea.

En los países desarrollados tenemos tendencia a la pastillita para solucionar casi cualquier problema.

Es cierto pero los somníferos sólo lo alivian, no lo curan. Aparte de que crean una dependencia farmacológica con efectos secundarios a menudo graves. En el fondo lo que hacen es cronificarlo.

El número de adolescentes y jóvenes con insomnio empieza a resultar preocupante. En las generaciones anteriores este problema no se daba, o no, al menos, de esta manera.

Me temo que esto tiene que ver con la tecnología y los dispositivos electrónicos. Por eso recomiendo que se aparte a los jóvenes de cualquier dispositivo o teléfono móvil del dormitorio. Con mis dos hijos adolescentes procuro combatirlo también con el deporte. Cansándolos duermen mejor.

¿Sucede con la apnea como con el insomnio, que se ataca el efecto y no la causa?

Sí. El problema de la apnea es que la padecen 1,5 millones de personas en España y el 75 por ciento no lo sabe. Me temo que esta enfermedad va a ser la más grave de tipo respiratorio en los próximos veinte años.

En algunos hospitales públicos como el Virgen del Rocío hay unidades de sueño y se les facilita a los pacientes una especie de mascarilla para mejorar su respiración.

Sí, pero el cincuenta por ciento de los enfermos de apnea no tolera esa mascarilla, la CPAP, y la deja. Se quedan sin tratamiento y su dolencia se agrava. Me han llegado enfermos a mi clínica con cuatro «stents» en el corazón. La apnea produce graves enfermedades cardiacas, pero no se les presta en la sanidad pública la atención que merecen.

¿Cuál es la razón?

Creo que se debe a que es una enfermedad que no arranca titulares en la prensa. El enfermo de apnea tolera su enfermedad y está toda su vida padeciéndola, pero acabará produciéndole otras enfermedades asociadas muy graves que supondrán gran coste para la sanidad pública.

Sanidad pública

Usted trabaja en la sanidad privada desde hace muchos años.

Me formé en la sanidad pública pero cuando acabé mis estudios en el 2000 lo vi claro: la sanidad pública no era para mí.

¿Por qué?

Porque no había meritocracia. Empezó a politizarse mucho. Los jefes no eran los profesionales con más méritos y se apartaron por razones políticas a los grandes maestros de los hospitales.

¿Y qué hizo?

Me fui a Ronda y acabé en Marbella, donde me ofrecieron la jefatura de servicios de Otorrinología en Quirón. Luego la compatibilicé con la de Palmones. Hago 50.000 kilómetros al año entre Sevilla, Campo de Gibraltar y Marbella, pero estoy feliz.

¿La sanidad pública está ahora peor o mejor que cuando usted la dejó?

Es evidente que peor. Tengo muchos compañeros que trabajan en ella y me lo cuentan. La sanidad pública se sostiene en Andalucía por el amor y la vocación de los profesionales y porque no pueden dejar tirados a sus pacientes. La administración lo sabe y por eso lo hace porque sabe que van a soportar lo que sea.

Pero parece que ya han estallado.

Sí, todo tiene un límite. Hay un gran malestar y hay muchos médicos que se están yendo de España o de la sanidad pública. Los que se quedan hacen huelgas de diez minutos porque no quieren perjudicar a sus pacientes, a pesar de sus sueldos ínfimos y de la brutal sobrecarga asistencial a las que lo someten unos malos gestores. Muchos médicos andaluces sufren el síndrome de Estocolmo, están mal pagados, están sobresaturados de trabajo y con un jefe político que no es el que realmente merecen.

El SAS ya no encuentra pediatras dispuestos a trabajar en las condiciones laborales que les ofrece.

Y puede pasar con otras especialidades. Tenemos que intentar hacer volver a los que se han ido o piensan irse. Pero para eso hay que cambiar la gestión. La que ha habido hasta ahora no funciona.

Dicen que ha sido una de las causas del batacazo socialista en las elecciones.

Yo creo que ha sido un poco todo, pero tal vez el mal funcionamiento de la sanidad haya sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de muchos ciudadanos.

¿Le parece que la sanidad pública andaluza se ha convertido en el «puchero con ingredientes para ocho en el que se invita a comer a veinte» del que habla el neurocirujano Francisco Trujillo?

Sí. No se invierte lo que se debe en personal. Y así crecen las listas de espera quirúrgicas, de consultas con especialistas y sólo se tienen cinco minutos para ver a cada paciente.

Seguimos en los hospitales públicos con habitaciones de tres camas, cuando hace quince años que Manuel Chaves se comprometió a convertirlas en individuales. Dice el secretario general del PP, Teodoro García Egea, que si tiene que elegir entre Canal Sur o endoscopios en hospitales (en Almería escasean), elegirá lo segundo. ¿Cuál es su opinión?

Yo también elijo lo segundo y creo que casi todos los andaluces. La inversión en sanidad y educación debe ser prioritaria, por encima de cualquier otra cosa. Los médicos estamos esperanzados con el cambio que se puede producir en Andalucía, porque contamos con los mejores profesionales sanitarios del mundo.

La sanidad privada crece al 6 por ciento anual en Andalucía y cubre ya el 30 por ciento de la población. ¿Qué pasaría si no existiera?

Si desapareciera, se produciría el colapso definitivo de la sanidad pública en Andalucía Nosotros operamos mucho para la sanidad pública a través de conciertos. Comprendo que es más urgente operar un cáncer que una amigdalitis y por eso nos las encargan. Si las cosas no cambian, creo que la sanidad privada seguirá creciendo.

¿Cree que sería más eficiente una sanidad centralizada como asegura el oncólogo Andrés Moreno Nogueira y otros profesionales del sistema público?

Yo creo que es mejor la descentralización, pero no se puede consentir que haya ciudadanos de primera y de segunda en España en prestaciones sanitarias. Ni tampoco médicos de primera y de segunda, unos mejor pagados que otros. Estoy a favor de la descentralización con una buena gestión y, sobre todo, de despolitizarla.